El autor hace un análisis sociológico de fenómenos del desempeño humano cuando de «estar en primera fila» se trata.

«El anhelo por ocupar un asiento en la primera fila trasciende la simple búsqueda de una mejor perspectiva del escenario y expresa el deseo febril de estar “al frente” como síntoma de un sesgo cognitivo que no permite entender el lugar que realmente toca.»

Por Elmer González (1-2)

En ejercicio de investigador de la sociología territorial latinoamericana, he asumido como premisa el análisis multifactorial sobre las colectividades, los espacios físicos, existenciales y simbólicos, lo que me ha permitido ir acuñando nuevos conceptos a partir de las distintas dinámicas humanas en cada contexto.

Uno de los factores que como investigación he ido concatenando es lo relativo al fenómeno de manifestación contemporánea en algunos grupos humanos de estar en los ámbitos delanteros o en primer plano de los encuentros grupales.

En ese orden, uno de esos nuevos términos que he acuñado lo he denominado “El sesgo del Front Row o de la primera fila”.

La Primera fila, es la traducción al español de Front Row, expresión que se utiliza en determinados acontecimientos, en especial en los desfiles de moda, para referirse a los asientos más próximos al escenario o la pasarela y donde suele ubicarse a los famosos y celebridades.

En la actual configuración social del país, la geografía de los eventos en la patria de Duarte, desde actos, seminarios, conferencias hasta reuniones, se han convertido en escenarios (farandulizado) para la representación del estatus individual, generalmente irreal.

El anhelo por ocupar un asiento en la primera fila trasciende la simple búsqueda de una mejor perspectiva del escenario y expresa el deseo febril de estar “al frente” como síntoma de un sesgo cognitivo que no permite entender el lugar que realmente toca.

El concepto popular “ponerse donde el capitán lo vea” alude a una estrategia social de visibilidad intencional, en la que individuos buscan posicionarse cerca del poder o la autoridad para asegurar reconocimiento, favores o ascensos, muchas veces sin que medie mérito real.

En esos eventos, es evidente la gran odisea que tienen que pasar los lideres coordinadores del protocolo para cumplir con las pautas establecidas del desarrollo y asegurar que se realicen de forma ordenada, respetuosa y exitosa, incluyendo, sobre todo, la atención a la jerarquía, la formalidad y la logística. Estos son víctimas de una lucha tenaz con esos personajes que, sin previsión y sin tocarle de cualquier manera quieren ocupar primeras filas.

A veces veo como los encargados del protocolo pasan más trabajo que los siquiatras de Venya C. o más trote que los saxofonistas de un merengue de Wilfrido, o más trabajo que a quienes les tocaba sostener el micrófono manualmente en los discursos de Balaguer.
Y es que, en contextos como la política o la administración pública, esta práctica refleja una cultura de oportunismo, donde la búsqueda del protagonismo de algunos se convierte en moneda de cambio que generalmente sustituye el mérito real o la competencia profesional. Es ahí donde la obsesión por aparentar un estatus que no se posee revela una tensión entre la identidad real y la identidad deseada.

Esos ámbitos, son los escenarios perfectos para las fanfarronerías de afrentosos, que representan una distorsión del valor social del mérito, encarnando personajes que, carentes de preparación y trayectoria, buscan desesperadamente ocupar espacios de visibilidad y prestigio sin haberlos conquistado legítimamente. Más allá de la mera exhibición, ocupar un espacio frontal satisface una profunda necesidad psicológica de pertenencia y distinción (aun inmerecida). Este comportamiento responde a una necesidad de validación social o como un acto que intenta compensar la falta de legitimidad con visibilidad.

Sin embargo, mientras la audiencia frontal observa el resultado final, los individuos que preferimos el backstage o las bambalinas, somos testigo del proceso, somos impulsores de la maquinaria y las dinámicas internas que hacen posible las cosas. Esta posición otorga una sensación de poder y conocimiento que el espectador común no posee, provee una ventaja competitiva….continuará

Elmer González Arquitecto. Urbanista. Investigador. Académico. Doctorado © AP-PP. Máster en Educación Superior. Especialista de Sociología Territorial y Urbana. Consultor Profesional certificado. República Dominicana.

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