Edward Mena siente profunda admiración por icónicos artistas de RD como el maestro Rafael Solano y Nini Cáffaro, con quienes ha compartido en diferentes escenarios.

«Uno de los capítulos más emblemáticos de esta relación nació a principios del siglo XX, cuando el músico dominicano Luis María Frómeta, conocido como Billo Frómeta, llegó a Venezuela y fundó la legendaria Billo’s Caracas Boys», Edward Mena, Director de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana en Miami, AIPEH y quien está muy vinculado con la República Dominicana 

Por Edward Mena

Cuando se habla del Caribe, se habla de encuentros. De pueblos que, aun con historias distintas, comparten una sensibilidad común, un ritmo interior y una manera muy especial de expresarse a través del arte. Venezuela y la República Dominicana mantienen desde hace décadas un vínculo profundo que ha trascendido fronteras y generaciones, especialmente a través de la música y la cultura.

Uno de los capítulos más emblemáticos de esta relación nació a principios del siglo XX, cuando el músico dominicano Luis María Frómeta, conocido como Billo Frómeta, llegó a Venezuela y fundó la legendaria Billo’s Caracas Boys.

Aquella orquesta no solo marcó la historia musical venezolana, sino que se convirtió en un símbolo de cómo el merengue y los ritmos dominicanos encontraron un hogar en Venezuela.

Sus canciones pasaron a formar parte de la banda sonora de celebraciones, reuniones familiares y memorias colectivas, dejando una huella imborrable en la identidad cultural del país.

A lo largo de los años, esa conexión se fortaleció con la presencia constante de grandes figuras dominicanas que encontraron en Venezuela un público fiel y apasionado.

Artistas como Johnny Ventura, Wilfrido Vargas y Rubby Pérez no solo llevaron su música a escenarios venezolanos, sino que lograron un cariño profundo del pueblo, que los adoptó como parte de su propio imaginario musical.

El merengue, junto a otros ritmos caribeños, se integró de manera natural en la vida cultural venezolana, reafirmando ese lazo de hermandad entre ambas naciones.

Para mí, este vínculo tiene además un significado profundamente personal. Como intérprete venezolano-estadounidense, he tenido el privilegio de sentir el apoyo genuino de la comunidad dominicana a lo largo de mi carrera.

He visitado la República Dominicana en diferentes giras y encuentros musicales, llevando mi trabajo y recibiendo siempre una acogida cálida, cercana y generosa, tanto del público como de colegas del medio artístico.

Uno de los momentos más significativos de mi camino artístico ocurrió precisamente en suelo dominicano, cuando tuve el honor de interpretar la canción Por Amor, del maestro Rafael Solano, en el Teatro Nacional.

Aquella noche quedó grabada en mi memoria no solo por la magnitud del escenario, sino por lo que representó a nivel humano y cultural.

Luego de ese evento, tanto el maestro Rafael Solano como el maestro Nini Cáfaro, intérprete original de Por amor, me expresaron su deseo de que continuara interpretando esta obra, que la llevara desde mi estilo y sensibilidad, y que ayudara a mantener viva esa canción para las futuras generaciones.

Recibir esas palabras de dos pilares de la música dominicana fue un honor inmenso y una gran responsabilidad.

La música ha sido, y sigue siendo, uno de los lazos más fuertes entre nuestros pueblos.

Ritmos, melodías y voces cruzan el Caribe y se mezclan, creando una memoria compartida que sigue creciendo con el tiempo. Festivales, conciertos y homenajes han sido testigos de ese intercambio constante que mantiene viva esta relación cultural.

Desde Miami, y desde mi rol como Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana (AIPEH), valoro profundamente estos vínculos que nos recuerdan la importancia de honrar nuestras raíces, apoyar a los artistas y preservar el legado musical que nos define como región.

Venezuela y la República Dominicana siguen dialogando a través de la música, del escenario y de la emoción compartida.

Ese diálogo vive en cada interpretación, en cada aplauso y en cada canción que nos recuerda que el Caribe es, en esencia, una gran familia unida por el arte.