«Desde Miami, y desde mi rol como Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana, valoro profundamente estos vínculos culturales», Edward Mena, Director de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana, AIPEH-Miami, quien ha tenido el honor de interpretar junto a célebres figuras del arte mexicano, este género conocido mundialmente 

Por Edward Mena

Con motivo de ayer, Día Internacional del Mariachi, recordamos y celebramos este género musical como símbolo de México y patrimonio cultural que trasciende fronteras.

Pero más allá de la historia y la tradición, para mí esta fecha es también un recordatorio de los lazos que la música crea entre personas y países.

En una gráfica de archivo, en una imagen que circuló a nivel mundial, Don Pedro Mena, padre del autor de este artículo, el afamado artista y gestor cultural, director de AIPEH en Miami, Edward Mena y la prestigiosa actriz y cantante Lupita Ferrer.

A lo largo de mi carrera he tenido la fortuna de estrechar vínculos profundos con México, un país cuya cultura y música admiro desde siempre.

He compartido escenario con queridas amigas y colegas mexicanas y latinoamericanas increíbles, como Guadalupe Pineda en el Copernicus Center de Chicago, Tania Libertad en el Mesa Arts Center de Phoenix, a quien siempre he sentido como la peruana más mexicana por su entrega y pasión por la música mexicana, y muy pronto espero tener la oportunidad de trabajar junto a Aida Cuevas, la máxima exponente de la música ranchera, en algún concierto o grabación.

Junto a la versátil artista también, Guadalupe Pineda, otra de las «reinas de las Rancheras», ganadora de varios Grammys americanos y latinos, el autor de este artículo.

Todas ellas son figuras icónicas cuya trayectoria y talento han dejado una huella imborrable en la música latina.

Cada encuentro, ensayo e interpretación han sido oportunidades para aprender, crecer y celebrar la música en su forma más auténtica.

Cantar con mariachi para mí siempre será muy especial, porque me transporta a ese México de grandes autores como José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez y Juan Gabriel, y de intérpretes emblemáticos como Vicente Fernández, Javier Solís y Pedro Infante, quienes han dejado una huella imborrable en la música ranchera.

Cada canción es un viaje emocional que conecta mi voz con la historia, con la tradición y con el sentimiento de un pueblo que ha sabido transmitir su pasión a través de la música.

Recuerdo con especial cariño la energía del público en cada ciudad, los aplausos que nos unían y la manera en que estas melodías crean una conexión profunda entre Venezuela y México.

En cada interpretación hay un puente que se construye a través de la pasión, el respeto y la admiración mutua, un vínculo que va más allá de lo musical y se convierte en conexión humana.

El mariachi es mucho más que un sonido; es identidad, memoria y celebración. Interpretarlo y acompañarlo desde mi perspectiva como intérprete venezolano me ha enseñado cómo estas melodías se mezclan con nuestras propias raíces y cómo la cultura mexicana se siente cercana, cálida y familiar, incluso a miles de kilómetros de distancia.

Desde Miami, y desde mi rol como Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana, valoro profundamente estos vínculos culturales.

La música nos permite reconectar con nuestras raíces, crear memoria compartida y, sobre todo, celebrar la vida junto a quienes sentimos cercanos por el arte.

Cada 21 de enero, celebro no solo un género musical emblemático, sino también a las amigas, colegas y artistas mexicanas que me han recibido, enseñado y acompañado en este viaje artístico.

Celebramos juntos la música que nos une, que nos emociona y que nos recuerda que el arte siempre es un puente entre culturas y corazones.