
La tragedia que embarga la nación, ocurrida la madrugada del martes con el colapso del techo en el local de la discoteca Jet Set, ha sembrado un inmenso dolor en el alma nacional y un amargo trago muy difícil de asimilar
En estas horas aciagas no hay palabras de consuelo para los cientos de familiares que, impotentes y acongojados, son testigos desolados de la dura realidad que es perder un familiar a destiempo en circunstancias tan terribles.
Mientras las decenas de héroes voluntarios, tantos civiles como militares, realizan esfuerzos titánicos a contrarreloj, los médicos en los hospitales sacrifican al máximo sus esfuerzos para salvar vidas y llevar un poco de aliento y esperanza a los familiares.
El país no puede continuar dándose el lujo de enfrentar solo situaciones catastróficas que superan con creces sus capacidades de respuesta; no sólo en recursos humanos, sino también en términos de equipos y herramientas necesarias que hacen la diferencia entre salvar o perder vidas.
Es recomendable que las autoridades logren establecer un protocolo integral y definido que incluya apelar a la ayuda internacional de países vecinos y con mayor experiencia en situaciones catastróficas, a fin de que la urgencia en el servicio alimente la esperanza de las víctimas y no la desolación y la desesperación.






