
Visión incompleta del desarrollo, cuando el potencial de la diáspora queda fuera. Cualquier propuesta y discusión sobre el desarrollo dominicano estará siempre incompleta si no contempla a su diáspora y el patrimonio que ésta posee
Por Rodolfo R. Pou* y María Victoria Abreu* 1-3
Una vez más, quienes toman decisiones públicas de la República Dominicana se embarcan en otro plan de desarrollo sin tomar en consideración a su diáspora. Esta vez se trata de la propuesta “Meta RD 2036”, que busca alcanzar “el desarrollo pleno” del país, con el interés de que beneficie a más personas.

La idea es “acelerar el crecimiento promedio anual del PIB de la nación dominicana al 6%, que es la tasa necesaria para que éste se duplique en 12 años.
La propuesta contempla varias transformaciones estratégicas y acciones puntuales sobre los recursos que el país tiene a mano para impulsar el crecimiento económico nacional.
Y aunque la propuesta se proyecta como sólida, la visión es poco disruptiva, incluso ignora el potencial de la diáspora dominicana que, ni siquiera se menciona.
La planificación económica y el desarrollo sostenible de una nación en un sistema democrático requieren la integración estratégica de todos los capitales disponibles: económico, intelectual, social y político.
Estos capitales no solo residen dentro del territorio nacional, sino que también se extienden a su diáspora, que representa una fuente dinámica de inversión, conocimiento, influencia y redes globales.

La inclusión del capital económico de la diáspora —a través de remesas, inversiones, emprendimientos y acceso a mercados internacionales— puede catalizar sectores estratégicos como vivienda, infraestructura, educación y tecnología, diversificando las fuentes de crecimiento y reduciendo la dependencia de financiamientos externos tradicionales.
Asimismo, el capital intelectual y social que reside en la diáspora —profesionales, académicos, científicos, artistas y líderes comunitarios— enriquece el acervo nacional con innovación, transferencia de conocimientos y mejores prácticas.
Cuando se suma el capital político —la capacidad de incidencia en países de residencia y su potencial diplomático informal— se amplían las oportunidades de cooperación, visibilidad internacional y defensa de intereses nacionales.
Incluir estos capitales en la planificación nacional no es solo una cuestión de justicia o reconocimiento, sino una decisión estratégica para construir una visión de desarrollo más holística, resiliente y sostenible, en sintonía con las exigencias de un mundo interconectado.
Cualquier propuesta y discusión sobre el desarrollo dominicano estará siempre incompleta si no contempla a su diáspora y el patrimonio que ésta posee.
Varios países han implementado políticas públicas para integrar el capital intelectual de sus diásporas, reconociendo su valor en el desarrollo nacional.
Por ejemplo, en Sudamérica podemos citar a Argentina, con el Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior) busca conectar a científicos argentinos en el extranjero con la ciencia nacional y fomentar su repatriación.
O por igual en el continente africano, en Etiopía y Kenia, donde ambos países han desarrollado políticas para involucrar a sus diásporas en iniciativas nacionales.
Etiopía, por ejemplo, promueve la participación de sus ciudadanos en el extranjero en el proceso de democratización y construcción de paz. Kenia, por su parte, destaca la diplomacia de la diáspora, reconociendo las habilidades y experiencias de los kenianos en el extranjero como activos valiosos para la transformación nacional.
Continuará …….
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