
Durante el panegírico destacan aportes que dejó como legado. La familia y amigos rindieron tributo a la memoria del destacado cineasta en la Funeraria Blandino de la avenida Abraham Lincoln, antes de ser sepultados en el cementerio Cristo Salvador.
Santo Domingo, República Dominicana – los restos del cineasta, productor y periodista René Fortunato fueron sepultados tras su deceso por complicaciones de salud, dejando un legado imborrable a través de destacados trabajos audiovisuales sobre la realidad social dominicana.
El poeta y escritor Mateo Morrison fue quien pronunció las palabras de honor para dar el último adiós a René Fortunato.
«Hoy debemos recordarlo junto a Justico, Maty y sus hijos, junto con Fernando Hasbún, Nelson y todos los que hemos estado tan pendientes de su proceso de salud”, expresó Mateo Morrison, poeta y escritor en el panegírico.
La familia y amigos dieron tributo a la memoria del destacado cineasta en la Funeraria Blandino de la avenida Abraham Lincoln, antes de ser sepultado en el cementerio Cristo Salvador.
Su trabajo trascendió la pantalla para convertirse en recurso pedagógico y en un acto permanente de resistencia cultural y recuperación de la identidad.
Películas más destacadas
Entre sus películas más influyentes se encuentra «Abril: La trinchera del honor», «La isla dividida» y «Balaguer: La herencia del tirano». Estas películas resultaron catalogadas como piezas fundamentales para comprender la historia contemporánea del país.
Su deceso ocurre en un momento particularmente simbólico. Esto sucede mientras su último documental, «El triunfo de la democracia», se proyecta en salas de cine del país. Este hecho consolida su legado como narrador visual del acontecer político dominicano.
La cinta recorre los eventos que marcaron el fin de la era de Joaquín Balaguer y el ascenso del PRD en los comicios de 1978. Con material de archivo y testimonio directo, retrata momentos clave como la represión política, las protestas sociales y la defensa histórica de Peña Gómez ante el racismo estructural.
René Fortunato presentó esta obra como una continuación de La violencia del poder (2003), y la demostró como una deuda pendiente con su audiencia, a la que dedicó más de tres décadas de investigación, compromiso y cine político.






