En cada proyecto, en cada iniciativa y en cada encuentro que impulsamos desde AIPEH, esa herencia cultural se transforma en un puente, conectando comunidades y generando oportunidades para que otros también celebren sus raíces y su cultura», señala el versado gestor cultural hispano y director de AIPEH en Miami, Edward Mena 

En esta entrega cultural conoceremos la relevancia de la cultura venezolana y su crecimiento en Miami, siendo ente de inspiración entre la comunidad en Estados Unidos 

Por Edward Mena

Esta semana decidí hacer una pausa. Pausar el ritmo habitual de mis artículos para detenerme, respirar y volver a lo esencial: lo que nos forma, nos acompaña y nos inspira.

Desde mi rol como Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Arte y Cultura Hispana (AIPEH) en Miami, quise dedicar este espacio a la cultura, a mis raíces y a la música que han marcado mi identidad desde los primeros años de vida.

Venezuela es la tierra que me vio nacer y donde viví mis primeros once años de vida. Aunque llevo 25 años construyendo mi camino en Estados Unidos, ese origen sigue presente. No como un anclaje al pasado, sino como una base cultural que me ha acompañado en cada etapa de mi vida artística y personal.

Mi relación con Venezuela ha sido, y sigue siendo, profundamente cultural. La he representado desde la música, desde el escenario, desde la palabra y desde cada espacio donde puedo compartir el arte. Cada nota, cada interpretación, cada proyecto que realizo lleva conmigo ese origen.

No como nostalgia, sino como un motor que me impulsa a crear, a inspirar y a mantener vivas las raíces de mi identidad, allí donde me encuentre.

La música ha sido uno de los vínculos más fuertes con mis raíces. En ella encuentro memoria, emoción y continuidad.

A través de la música, la infancia se transforma en lenguaje, la distancia se convierte en cercanía y la identidad encuentra nuevas maneras de expresarse.

Es allí donde la cultura se vuelve viva y compartida, y donde mi Venezuela interior sigue creciendo.

Desde Miami, una ciudad diversa y profundamente cultural, he comprendido que las raíces no se pierden: se expanden, se adaptan y dialogan con otras historias.

En cada proyecto, en cada iniciativa y en cada encuentro que impulsamos desde AIPEH, esa herencia cultural se transforma en un puente, conectando comunidades y generando oportunidades para que otros también celebren sus raíces y su cultura.

Hoy quiero rendir un homenaje sencillo, íntimo y profundo a la tierra que me vio nacer. A Venezuela como origen, como semilla de mi sensibilidad y como parte esencial de mi identidad.

Anhelo el día en que pueda regresar a mi país no solo de visita, sino para reconectar plenamente con mi tierra y mis raíces, para llevar proyectos artísticos y culturales, y seguir compartiendo la riqueza de nuestra cultura.

Venezuela vive en mí en cada nota que canto, en cada proyecto cultural que lidero y en cada espacio donde el arte se convierte en puente, memoria y comunidad.

Y mientras pueda seguir creando, compartiendo y celebrando esa herencia, esa Venezuela seguirá viva, hoy y siempre, conmigo y con todos los millones de venezolanos que la llevamos en el corazón.