
- La advertencia clave de la primera Encíclica del Papa León XIV Magnifica humanitas sobre los riesgos que implica la tecnología de la Inteligencia Artificial para los niños, jóvenes, la familia y la sociedad
- “Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles”, advierte la primera Encíclica del Papa León XIV
Ciudad del Vaticano — Hijo de maestros —él mismo fue profesor de Matemáticas y Física antes de su ordenación sacerdotal— el Papa León XIV considera la enseñanza como una parte esencial de su identidad. En los primeros meses de su pontificado, su magisterio ya ha ofrecido textos de calado sobre la misión educativa de la Iglesia, como la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza.
En su primera encíclica, Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), que se publica este lunes y en la que el Papa define qué es la dignidad humana en un mundo cada vez más dominado por la inteligencia artificial, León XIV dedica una parte sustancial del documento al impacto de la revolución digital en la educación y en la vida familiar.
El Pontífice reconoce que “las rápidas transformaciones tecnológicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo”. Y advierte que “la omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad”.
Frente a ello, subraya que los procesos educativos “requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente”, algo que considera “fundamental”, porque —recuerda— toda tecnología “educa a quien la utiliza”.
El riesgo de apagar el deseo de plantear preguntas
León XIV no ofrece respuestas prefabricadas ni una guía fácil de consejos. Más bien, formula un llamamiento general a repensar qué significa educar en el uso de la inteligencia artificial y cuáles son sus implicaciones. En definitiva, se trata, como él mismo afirma, de “educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla”.
“La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo”, escribe el Papa. Para ilustrar esta idea, recurre a la carta séptima del filósofo griego Platón, del año 353 a. C., piedra angular del pensamiento occidental.
“Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita”, sugiere, tras recordar que, como decía Platón, las realidades más profundas e importantes solo se aprenden con mucho tiempo y esfuerzo.
“Exposición precoz y sin supervisión”
El Papa alerta además sobre el impacto negativo en el sueño, la atención y la regulación emocional que provoca una “exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales”, informa ACI Prensa.
A ello se suma —continúa— la “facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad; a contenidos pornográficos e hipersexualizados; a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad; y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo”.
“Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles”, advierte.
El Pontífice reconoce, en este sentido, que a los padres les resulta “difícil” resistir por sí solos al “condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo”. De ahí que reclame “una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea”.
Es necesario oponerse, insiste, “con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores”.
En esta línea, sin señalar a ningún gobierno en concreto, valora positivamente las iniciativas legales impulsadas en países como Australia, Francia o España, e insta a promover “intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios —sin descargar sobre las familias el peso de la limitación— y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado”.
El Papa identifica asimismo algunos retos impostergables dentro del ámbito educativo ante la irrupción de la Inteligencia Artificial.
“Muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos”, señala.
El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA está provocando que los planes de estudio concebidos para otra época “queden rápidamente obsoletos”, mientras que la organización escolar, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse “con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona”.
“Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia”, afirma.
El Papa identifica también un desafío de naturaleza intelectual y sapiencial. “Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento”, lamenta.
“Promover una verdadera higiene de la atención”
En este contexto, advierte de la proliferación de “los conocimientos fragmentarios”, mientras “se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo”.
“Es necesario promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura y análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida”, propone el documento.
La Doctrina Social de la Iglesia invita, dice el Papa, a una alianza educativa renovada entre familias, escuelas, comunidades cristianas e instituciones públicas. Esta se concreta cuando los principios se traducen en objetivos educativos: educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; en el reconocimiento del derecho del otro y de las generaciones futuras a disfrutar de los bienes recibidos o creados por el ingenio humano; en la libertad y la responsabilidad; y en el sentido de la trascendencia y del bien común.
“La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”, concluye.






