
«Nunca he defendido a Luis Abinader y espero no tener que hacerlo; se defiende a quien lo necesita, y el Presidente no ha hecho nada que amerite defensa», Edward E. Cruz
Por Edward E. Cruz, Diputado Circunscripción 2 de Ultramar
Ante el abuso de confianza contra el Presidente, me siento con varios sentimientos encontrados y sin poder saber cuál expresar o definir. ¿Cuál sentimiento se antepone o tiene relevancia por encima del otro?

En todo gobierno siempre habrá desenfocados que no entienden la visión de sus líderes, que llegan al poder en búsqueda de riquezas y se crean mundos de fantasía pensando que la realidad nunca los alcanzará.
Sentimientos de rabia, de lástima, de impotencia, de desilusión, de esperanza, de fe; no obstante, el cóctel de emociones que hoy me embargan me deja no solamente convencido, sino que mi resolución y convicción de apoyo al gobierno del presidente Luis Abinader han sido renovadas.
Hoy no quiero hablar de un país fracasado que ha logrado aumentar la cantidad de turistas que nos visitan de 7.5 millones por año (2015-2019) a 11.7 millones (2021-2025).
Tampoco voy a perder el tiempo hablando de una inversión extranjera directa anual cuyo promedio subió de 2,525 millones de dólares (2008-2019) a 4,250 millones de dólares (2021-2025); para qué hablar de un sistema de recaudación de aduanas que pasó de 597,339 millones de pesos (2015-2019, o sea 119.5 por año) a colectar 1,143,015 millones de pesos (2021-2025, o sea 228.6 por año); o a quién le interesaría hablar de un tema tan “sin importancia” como el hecho de que las reservas internacionales del país, que representan su solidez financiera líquida, hayan subido de 7,399 millones de dólares (2016-2019) a 14,165 millones (2021-2024).
No voy a ocupar la mente de los lectores mencionando la inversión turística que generará decenas de miles de empleos en el polo sur, algo tan esperado y necesitado en una de las zonas más pobres y olvidadas del país; para qué perder el tiempo hablando del aumento de sueldos a policías, o de las oportunidades creadas para los dominicanos en el exterior.
No pienso aburrir a los lectores mencionando cómo Luis Abinader ha sido el único presidente que, teniendo la mayoría del poder tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, decide cambiar la Constitución para reducir la cantidad de diputados, ahorrando y a la vez limitando su poder al colocar un candado que evite que un Presidente pueda mantenerse infinitamente en el poder; para qué hablar de un sistema de justicia que pasó de proteger amigos, hermanos y hasta presidentes, a ser un sistema independiente que no necesita pasar por el Palacio para obtener el visto bueno de quién se puede o no procesar legalmente.
Mucho menos tomaré el tiempo de los lectores para hablar de un gobierno que, en cinco años de gestión, ha incautado más de 150 mil kilos de drogas, superando lo incautado en los 16 años juntos del gobierno anterior, incautaciones que han servido para pasar de ser referidos como la autopista principal de drogas del Caribe a ser el principal aliado en la lucha contra el narcotráfico.
¿Por qué hablarle a la población de la reforma del Código Penal, del Código Procesal Penal, de una ley de inquilinato y de una reforma laboral que duraron más de 15 años engavetadas porque gobiernos anteriores las consideraban sin importancia ni relevancia para el pueblo, pero que de manera responsable y valiente han sido asumidas por los legisladores de este gobierno?
No, señores. No voy a perder el tiempo en informaciones que están disponibles y a las que cualquier lector, cualquier dominicano que sinceramente quiera educarse sobre la realidad de los avances de nuestro país, puede acceder por sí mismo a través de las redes: ver, leer e interpretar sin necesidad de que un político con motivos alternos le dé la versión que más le favorezca.
HABLEMOS DE DESENFOQUE
En la política existen dos tipos de desenfoque: el de acción y el de análisis.
El desenfoque de acción lo realizan ciertos actores del gobierno de turno que no han entendido la visión real de nuestro presidente: una visión de un mejor futuro, donde el beneficio colectivo se antepone al individual. Son actores que, con acción o inacción, desbaratan con los pies lo que el presidente construye con las manos.
El desenfoque de análisis ocurre cuando se habla de corrupción, esa acción que nace y crece de manera individual en el corazón del ser humano y que da razón a la frase “cara vemos, corazón no conocemos”. No existe forma de saber quién es o será corrupto sin que haya tenido la oportunidad.
En todo gobierno siempre habrá desenfocados que no entienden la visión de sus líderes, que llegan al poder en búsqueda de riquezas y se crean mundos de fantasía pensando que la realidad nunca los alcanzará.
Lo verdaderamente triste es la incapacidad de comprender que la corrupción siempre existirá; el punto clave no es la corrupción en sí misma, sino su hermana de sangre: la impunidad.
La única forma en que un gobierno es culpable de corrupción es si la ejerce —algo que nadie puede osar inferir del presidente Luis Abinader— o si ofrece impunidad a los corruptos. Algunos desenfocados se llenan la boca diciendo que este ha sido el gobierno donde más casos de corrupción se han denunciado.
A esos liliputienses mentales les digo: orgulloso estoy de pertenecer a este gobierno, porque eso demuestra que la promesa de una justicia independiente se ha hecho realidad.
No se puede tener una y la otra: o se lucha por la impunidad, o se lucha contra la corrupción. Ambas acciones no son inclusivas.
HABLEMOS DE MEDIOCRIDAD
Toda sociedad o individuo que se compara hacia abajo busca la mediocridad como excusa. Para progresar realmente, debemos aprender a compararnos en positivo y discutir los temas de manera objetiva y concreta.
Cuando escucho a los de afuera —prefiero llamarlos así, porque su desenfoque los aleja de ser oposición— hablar del tema SENASA, me dan lástima.
Después de 16 años en el poder sin resolver un solo tema social, hablan sin caer en la crítica comparativa de cuál gobierno ha sido peor, porque es lo único que pueden hacer. ¿Se han dado cuenta de que, en todos los días que se ha hablado de SENASA, ni una sola persona ha formulado una propuesta de solución?
Todos hablan del abuso, de lo grande, de lo peor, pero
¿A cuántos hemos visto proponiendo cómo evitar que vuelva a suceder, sin importar quién esté en el poder?
LA REALIDAD
Finalmente, felicito al presidente Luis Abinader. Solo Dios sabe el momento amargo que él y su familia están atravesando ante una situación que lo ha colocado entre la espada y la pared, obligándolo a decidir entre dos caminos: seguir los principios y valores que representa y que se comprometió a defender en favor del pueblo, o extender la mano a un amigo y hermano, como lo es el exdirector de SENASA.
Todo el país ha visto hacia dónde se inclinó la balanza.
Esa firmeza es la que debe servirnos de guía y apoyo a este gobierno: poner el bienestar del país por encima del dolor personal.
Algunos no lo entienden porque no les interesa entender que más denuncias de corrupción y más incautaciones de drogas son sinónimo de cero impunidad.
Son prueba fehaciente de un presidente comprometido con la coherencia de su discurso y con el respeto a la independencia del Ministerio Público.
Nunca he defendido a Luis Abinader y espero no tener que hacerlo; se defiende a quien lo necesita, y el Presidente no ha hecho nada que amerite defensa.
Lo único que he hecho es enunciar y enumerar una mínima parte de los logros de su gestión, por eso me rehúso a permitir que una excelente gestión sea opacada de una manera tan burda; desde hace 12 años comparto la verdadera visión del cambio que nuestro presidente ambiciona para nuestro país.
Mi decisión no nace de una pasión, sino de una convicción basada en resultados reales, indicadores nacionales e internacionales, estadísticas y observaciones porque la crítica sin propuestas es mediocridad y desenfoque, y en la lucha contra la corrupción ha quedado claramente demostrado que no es cierto que todos somos iguales.
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