Los diamantes se producen de una roca fundida (magma) que conduce el exceso de carbono hacia la superficie, donde los terremotos y grietas lo liberan al aire como dióxido de carbono. (Imagen: Fuente externa).

Un nuevo estudio revela que, contrario a la creencia común, los diamantes no son eternos.

New Orleans, Luisiana—(RMN)–Los diamantes, esas joyas preciosas y brillantes, son conocidos como los materiales más resistentes en la Tierra. Son una forma de carbono de alta presión y se hallan en lo profundo del subsuelo del manto terrestre.

Si bien los diamantes se consideran por lo general duros y estables, el carbono de casi 100 millas bajo la placa africana lo conduce a niveles más profundos donde el diamante se torna inestable.

La roca fundida (magma) lleva el exceso de carbono hacia la superficie, y los terremotos abren grietas que permiten que el carbono se libere al aire como dióxido de carbono.

La estudiante de doctorado Sarah Jaye Oliva y la profesora de Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente y la Cátedra Marshall-Heape en Geología, Cynthia Ebinger, integran un grupo de científicos internacionales coautores del documento «El manto cratónico desplazado concentra el carbono profundo durante la división continental», publicado la revista Nature el 3 de junio.

Un cratón es una parte antigua y estable de la litosfera continental, que consta de las dos capas superiores de la Tierra, la corteza y el manto superior.

«Algo divertido», –dijo Ebinger— “el documento es evidencia de que los diamantes no son para siempre.” La pareja informa de sus hallazgos sobre el continente africano dividiéndose en dos y las enormes cantidades de CO2 (dióxido de carbono) que se liberan a la atmósfera.

Ebinger dijo de su estudiante: «Sarah Jaye contribuyó a las mediciones de gas y analizó la estructura profunda y los datos del estado de estrés que nos permitieron deducir el proceso que conduce al exceso de CO2 en algunas zonas de falla.»

Oliva participó en una campaña de un mes en 2018 para tomar muestras de gases liberados de manera difusa a través del suelo y en manantiales que salpican el Sistema de fallas de África Oriental en Tanzania.

A través del muestreo, Oliva y otros investigadores descubrieron que los flujos [flujos] de CO2 y la cantidad de terremotos son más altos donde la grieta se cruza con el borde de la placa cratónica antigua y gruesa que es más de 60 km (unas 37 millas) más gruesa que la zona contigua.

Señala que ello tenía sentido porque el borde empinado del fondo de la placa es «donde esperamos que se formen magmas (material de roca fundida dentro de la Tierra que se enfriará para formar roca ígnea) y donde las redes de fallas y fracturas deberían ser más intensas.»

El modelo de los investigadores también sugiere que el manto debajo de la región de estudio puede enriquecerse en carbono debido a la erosión local de la litosfera cratónica que incluso puede contener diamantes.

Agregó que “Este CO2 recién liberado finalmente influye en el clima de la Tierra a lo largo del tiempo geológico, contribuyendo temporalmente al calentamiento global.»

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