La historia de Ángela en el pueblo de Inoa es una inspiradora y de perseverancia. / Foto realizada por: Laura McCarthy.

USAID y ONG llevan futuro y esperanzas a mujeres emprendedoras en pueblo de Santiago.

Por Laura McCarthy / Para USAID

Santiago, República Dominicana–En el pequeño pueblo rural de Inoa, provincia Santiago de la República Dominicana, en Marzo de 2010, Angela Luna se encontraba al borde de la desesperación.

Madre de tres hijos, Luna dejó a su marido en 2007 por problemas con el alcohol. Para poder criar y mantener a una familia y vivir en una pequeña choza de una habitación, Angela tuvo que encontrar una fuente de ingresos que le permitiera la posibilidad de una vida mejor para sus hijos. Se dedicó a tejer, una habilidad que le enseñó su madre y una fuente de ingresos para las mujeres de Inoa durante varias generaciones.

Debido a las responsabilidades domésticas y familiares, así como a la falta de transporte, los tejedores como Ángela han visto restringido su acceso al mercado de productores locales de muebles.

Las empresas locales pagaban muy poco por sus productos – tan sólo 1 peso por asiento de silla – lo que significa que, con unos ingresos de casi 12 dólares a la semana, Angela y su familia estaban muy por debajo del umbral de pobreza extrema del Banco Mundial de 1,90 dólares al día por persona.

Cuando Angela y las tejedoras de la comunidad intentaron subir los precios, las empresas de muebles locales empezaron a utilizar telas, dejando a los tejedores sin ingresos. Luna no tenía otras habilidades laborales aparte del tejido que había practicado durante los últimos 20 años.

“Fui a las empresas de construcción, pero nadie me contrató porque soy mujer”, dijo. “Estaba desesperada. Estaba lista para mendigar en las calles.”

Con el fin de crear una situación en la que todos salieran ganando, USAID y su socio local, la ONG INDEPRO, trabajaron juntos para ayudar a Ángela y a los demás tejedores, así como para la expansión de la economía local a través de una asociación con el sector privado.

Juntos, INDEPRO y USAID capacitaron a Luna y a un grupo de otros 79 tejedores, 90% de los cuales son mujeres, sobre cómo mejorar su producto y sus ganancias. Los tejedores aprendieron a tratar la fibra natural para asegurar su sostenibilidad, a trabajar con fibras de mayor calidad, como el banano, y a tejer nuevos diseños.

La USAID vinculó entonces a los tejedores con 40 empresas de muebles de alta gama en Santiago y negoció con las empresas para pagar a los tejedores un precio justo. Anteriormente, las empresas pagaban 75 pesos por libra para importar fibra de banano de alta calidad y 80 pesos por libra cuando la compraban en el mercado local. Ahora las empresas pagan 60 Pesos por libra a los tejedores locales.

La USAID vinculó entonces a los tejedores con 40 empresas de muebles de alta gama / Foto realizada por: Laura McCarthy.

Para abordar los problemas de las obligaciones del hogar y la falta de transporte, USAID e INDEPRO tuvieron la idea de utilizar componentes separados para las sillas para permitir a las mujeres la oportunidad de trabajar desde el hogar. De esta manera, las mujeres podrían seguir cuidando a sus hijos, así como trabajar en sus otras responsabilidades domésticas. “Ahora puedo trabajar en casa, no tengo que viajar lejos para trabajar. En tres meses he sido capaz de casi terminar de construir mi casa.”

La USAID también amplió esta asociación para incluir su labor con los clúster de banano de la República Dominicana. A través del trabajo de USAID, los productores de banano acordaron proveer fibra de banano gratuitamente a los tejedores de Inoa. Esto reduce los costos de producción de los tejedores y el desperdicio entre los productores de banano.

A cambio, los productores de banano y las empresas de muebles han sido reconocidos por su responsabilidad ambiental y social y califican para certificaciones como FAIR TRADE (“Comercio Justo”), lo que puede traer consigo un aumento de precios en el mercado.

El clúster de muebles también está desarrollando un mercado de artesanía de fibras naturales, que complementará aún más los ingresos de los tejedores.

Una historia verdaderamente inspiradora de perseverancia, en sólo tres meses Ángela Luna pasó de depender de su familia para tener suficiente dinero para que sus hijas comieran a ganar RD$4.500 pesos a la semana, aproximadamente US$120.

“Mi vida ha cambiado en más de un 80 por ciento”, dijo Luna. “He terminado de construir mi casa. Mi esperanza es conseguir más trabajo y dar a mis hijos una mejor vida.”

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